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Breve historia de la novela

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Tradicionalmente se ha aceptado que la novela y la epopeya son las dos manifestaciones mayores de la épica, manteniendo entre ellas, a su vez, claras relaciones: la novela procedería de la epopeya en cuanto a la forma, pero cambiaría el verso por la prosa sin introducir mayores modificaciones de orden temático.  Los cambios formales que conducen de la epopeya a la novela se justifican comúnmente por un cambio en la visión del mundo que les sirve de marco de referencias -la medieval en los poemas épicos y la renacentista en la novela-.  Dicho momento - tránsito de la E. Media al Renacimiento- es considerado unánimemente como el de la aparición de la novela como tal: el cambio de una forma a otra obedecería, entonces, a cambios más profundos de tipo social y cultural. 
El héroe de la epopeya representa al conjunto social con sus valores religiosos, culturales, ideológicos y morales compartidos por todos.  Por el contrario, una época -el Renacimiento- de fragmentación social en clases con el predominio creciente de la burguesía ya no puede valerse de héroes colectivos asumidos por todos.  Aparecen entonces personajes “antiheróicos” o “héroes problemáticos” 1.  En este mismo sentido, Hegel calificó a la novela de “epopeya de la decadencia”2, Menéndez Pelayo incidía en los aspectos míticos temporales diferentes en la epopeya y en la novela.  Parece muy extendida, pues, la idea de que la novela sustituye a la epopeya con el Renacimiento (“sustituye”; otra cosa muy distinta sería decir que la novela es la consecuencia de la evolución de la epopeya medieval, lo que no sería cierto según Bobes Naves).  Basándose en este criterio, suele considerarse que la idea organizadora más relevante en la novela, y que la diferencia más claramente de la épica, es la de la “prueba” (impensable en el caso de los héroes épicos medievales) como técnica constructiva de la historia.  La idea de la prueba, además, repercute en las unidades sintácticas novelescas y en los aspectos semánticos y pragmáticos del relato3.  La “novela bizantina” o la caballeresca serían buenos ejemplos de ello, manteniéndose dicha “prueba”, aunque con ciertas modificaciones, en la novela barroca y en el Romanticismo hasta llegar al Naturalismo. 

Otro criterio que parece bastante importante en la diferenciación entre epopeya y novela es el del tratamiento del tiempo en ambas formas literarias: la epopeya pertenece a una fase de la cultura dominada por el “mito” (resultante de una síntesis del pasado) y la leyenda, mientras que la novela se sitúa en el presente abordando la realidad inmediata como tema propio4. 

En resumen, los rasgos más importantes de la novela, por oposición a la epopeya, parecen ser:

(1) la temática correspondiente a un mundo fragmentado, individualizado;

(2) la elección de temas de la vida ordinaria;

(3) la temporalidad ubicada en el presente contemporáneo;

(4) los personajes no heroicos, sin grandeza, con problemas comunes y sometidos a pruebas para demostrar su sistema de valores y conducta; y

(5) la falta de toda trascendencia religiosa. 

Pero hay otras teorías que desvinculan desde el principio a la novela de le épica, explicando su nacimiento por su finalidad o su función social, como respuesta a un contexto histórico-cultural nuevo -el del Renacimiento, en esto sí parece haber unanimidad absoluta, y el nuevo Humanismo surgido en este momento como elemento de desvinculación de la Razón a la Fe: una vez perdido el sentido religioso de la existencia, el hombre vendría a preguntarse sobre su propio ser5-.  Bobes Naves afirma que la “novela moderna” surge en el Renacimiento porque éste es el momento en que el hombre las necesita.  En este sentido, parece de especial importancia el nacimiento de la novela propiamente dicha en la España renacentista, tomando como textos fundamentales el Lazarillo de Tormes y Don Quijote de la Mancha.  El marco de valores morales, sociales, estéticos, ideológicos, etc., de estas primeras novelas modernas españolas es revelador: la idea de que el hombre es hijo de sus obras, enunciada claramente en el Lazarillo, y la idea de que los valores del hombre son relativos de la obra cervantina, son las coordenadas que articulan, precisamente, esa nueva sociedad humanístico-renacentista en toda Europa frente al pasado.  En relación con esta última idea parecen estar las teorías que señalan el origen genético de la novela en la expansión y/o acumulación de cuentos.  En ellas subyace la idea de que el cuento centra su atención en la categoría narrativa de la acción, mientras que la novela -concebida como acumulación o ampliación de cuentos- utiliza como elemento coordinador la vida y el aprendizaje del protagonista.  De este modo los diversos cuentos contenidos en la novela se articulan finalmente por razón de un sentido final.  De hecho el Lazarillo parece ser una reunión de cuentos tradicionales mediante una técnica “d’enfilage” con el hilo conductor de la vida del protagonista.  Los episodios de la historia novelesca serían, entonces, conocidos anteriormente como cuentos tradicionales autónomos (algunos de ellos con testimonios escritos incluso).  Todos ellos eran objeto de una narración por su curiosidad o su gracia, pero no se habían presentado nunca como peripecias en la vida de alguien, para sacar de ellos una experiencia o sabiduría final.  La novela posterior mantendría, así, un único y mismo sujeto para todos los episodios6.  La técnica de reunir como episodios de la vida de alguien lo que antes eran cuentos independientes es tomada, según algunos críticos, de la forma de otros discursos, sobre todo del judicial: una narración en tono judicial, con un tono explicativo y didáctico, en defensa propia. 

Parece, pues, que el Renacimiento -el siglo XVI en especial- se caracteriza por un especial estado de agitación y una gran abundancia de modelos y normas8, que llegan a producir perplejidad; ellos es lógico, pues se produce en esta época un profundo cambio: el de renunciar a toda trascendencia derivada de la fe religiosa y a sus explicaciones universales y ponerse a reorganizar un mundo sólo humano, que se manifiesta en la novela por medio del contraste de las actitudes de cada hombre y de un conocimiento intrínsecamente relativo al/por el ser humano.  La novela moderna parece, entonces, como el género literario que mejor refleje esa situación de perplejidad en la historia del hombre.  En todo caso, el paso de la epopeya épica a la novela es mucho más que un cambio de formas En todo caso, esta tesis presenta el siguiente problema: ¿cómo explicar, de este modo, la existencia de novelas antes del Renacimiento?.  La “novela helenística”, todavía viva en Los trabajos de Persiles y Segismunda y en la novela bizantina; la novela de caballerías, la novela sentimental, etc., son anteriores al antropocentrismo humanista del Renacimiento y no parecen responder a la perplejidad e inquietud del “hombre moderno”. 

En realidad, según Bobes Naves, estos modelos narrativos no se incluyen en la llamada “novela moderna”, son relatos mucho más cercanos al cuento o a la misma épica Finalmente, una nueva perspectiva sobre el origen genético de la novela es la que aporta Bajtin9 -para quien el rasgo definidor del género novelesco es el dialogismo polifónico constante-.  Para este crítico, como para tantos otros desde perspectivas muy diversas, el origen de la novela moderna está en el Quijote de Cervantes, “en los diálogos novelescos con Sancho y otros representantes de la realidad plurilingüe y grosera de la vida”. 

En resumen, puede decirse que las diferentes teorías sobre la génesis de la novela vinculan a ésta con:

(1) la epopeya épica medieval,

(2) el cuento tradicional,

(3) a las nuevas necesidades del humanismo renacentista, y

(4) a una finalidad catárquica o tranquilizadora para el hombre desconcertado ante una humanidad organizada socialmente en un aparente caos. 

PRECEDENTES HISTÓRICOS.  Hay autores que sitúan el origen del género novelesco en la misma Antigüedad Clásica10, en el oriente helenístico en concreto.  Se trata de relatos escritos en griego, datados entre los siglos I y IV que parecen ser muestras de una gran producción perdida.  Aún tratándose de un tema oscuro, todavía hoy, hay historiadores que señalan que los primeros modelos novelescos se tomaron de los egipcios, en cuya cultura se dan relatos fantásticos muy parecidos a los griegos.  Así, el primer relato del que hay constancia es una traducción del egipcio: El sueño de Nectabeos.  Una de las razones de esta oscuridad reside en que en las poéticas antiguas apenas hay referencias a la novela, considerada entonces un género ínfimo, destinado al entretenimiento de las mujeres y personas incultas en general.  De todos modos, Bobes señala el hecho de que los orígenes de la novela se sitúen en una época -la helenística- de crisis de la civilización griega clásica: Grecia ha pasado a ser una provincia romana, imponiéndosele un nuevo sistema de vida y visión del mundo.  La novela surgiría como expresión propia de un momento de crisis social, ideológica, religiosa y cultural, en condiciones de inseguridad e inquietud, con una finalidad tranquilizadora, sedante o lúdica. 

En conjunto, estas novelas representan lo que Bajtin las llama “novelas helenísticas, griegas o sofísticas”, calificándolas de “novelas del tiempo de la aventura”, y en el futuro verán reaparecer muchos de sus motivos argumentales en la novela barroca, en la novela gótica, etc. Se conservan algunas de estas obras: Quéreas y Calirroe, de Caritón de Afrodisias (s.  I a. JC - s. I d. JC), Efesíacas de Jenofonte de Éfeso (s.  I d. JC), Babilónicas de Jámblico (s.  II d. JC), El asno de oro o las metamorfosis de Lucio de Patras (s.  II d. JC) -resumida después por Luciano y ampliada por Apuleyo-, Leucipa y Clitofonte de Aquiles Tacio (s.  II d. JC), Dafnis y Cloe de Longo (s.  II d. JC), Teágenes y Cariclea o Etiópicas de Heliodoro (s.  I ó III d. JC), la Historia de Apolonio, rey de Tiro (s.  II d. JC, pero conocida a través de una versión del s. V ó VI y por algunos poemas medievales), etc. Parece que se desarrollaron entre los s. I y V d. JC, aunque el momento de mayor esplendor fueron los dos primeros.  Por otra parte, de la épica latina parece surgir -influenciada por la novela helenística- alguno novela como El satiricón, atribuida a Petronio.  Durante la Edad Media surgieron algunos tipos de relato -en frecuente relación con los griegos y latinos-: Libro de Buen Amor, La Celestina, etc. La “novela caballeresca surgiría entonces como mezcla de literatura griega y latina antigua, leyenda cristiana, leyendas históricas bretonas y celtas, etc. (Parsifal, de W. Von Eschenbah, por ejemplo).  Estas novelas alcanzaron gran difusión al ser tomadas con frecuencia como normas de vida y conducta, de estilo y buen tono hasta el siglo XVII: el Amadís es un ejemplo claro de ello.  Otros relatos medievales proceden directamente de la novela helenística.  Escritas en verso, nada tienen que ver con la épica: Libro de Alexandre, Libro de Apolonio, etc. A veces se encuentran novelas intercaladas en obras de otro carácter, como en la General Estoria de Alfonso X. En España parece que el primer “romance” en prosa, como obra literaria autónoma, es el Libro del caballero Cífar (hacia 1300), apareciendo poco después El caballero del cisne (inserto en La gran conquista de Ultramar, una especie de compilación histórica de las cruzadas) y la Historia troyana polimétrica (en verso y en prosa).  Entre las novelas caballeresca, la de mayor relevancia fue el Amadís de Gaula (cuya versión más antigua se remonta a principios del S. XIV; el texto íntegro que se conserva fue redactado por Garci Rodríguez de Montalvo a fines del s.XV) . 

Hay críticos que ejemplifican en las novelas caballerescas una teoría evolutiva de la novela según la cual estos textos pasarían por tres fases sucesivas: poema épica, historia y novela propiamente dicha11.  La “novela sentimental” aparece como nuevo tipo de novela a mediados del s. XV, interesándose más por la vida interior de los personajes que por la acción, más por las emociones que por las aventuras12.  La Estoria de dos amadores de Juan Rodríguez del Padrón (inserta en su Siervo libre de amor) y Cárcel de amor de D. de San Pedro son los mejores ejemplos en España.  Según Bobes, la finalidad hedonística, lúdica de estas novelas las mantiene todavía lejos de la “novela moderna”.  La “novela pastoril”, por su parte es especie de estilización literaria desarrollada en el Renacimiento.  Según Bajtin13 sus logros más destacados serían la concentración de la acción, el desarrollo del paisaje en una actitud platónica, el uso de motivos mitológicos clásicos y la utilización del verso y la prosa conjuntamente.  En estas novelas la realidad inmediata queda enmascarada por mundos distantes, admitidos sin ninguna dificultad.  Como conclusión, Bobes recoge la teoría de Bajtin según la cual la “novela barroca” es el elemento clave en la formación de la “novela moderna”, actuando como filtro y enciclopedia de motivos novelescos procedentes de la Antigüedad Clásica y trasportándolos al futuro.